NO HAY DEFECTOS EN EL CUERPO, SOLO RIGIDEZ

NO HAY DEFECTOS EN EL CUERPO, SOLO RIGIDEZ

Ni el tipo morfológico, aun hereditario, ni las deformaciones adquiridas (a excepción de las fracturas y mutilaciones) son irreversibles.

La gimnasia médica clásica se contenta con analizar y clasificar los diferentes tipos de morfologías que se consideran como constitucionales y, a causa de ello, como irreversibles. Ya sea uno longilineo, brevilineo, redondeado, plano o curvo, uno es como es. Por el hecho de ser corriente, se juzga como normal nuestra estructura imperfecta. Francoise Mezieres afirma que la morfología no debería ser la ciencia que clasifica los dimorfismos, sino el arte de reconocer la forma perfecta, la única morfología normal, ella nos enseño a no aceptar la importancia de la desviación del sujeto,  ni su edad le impiden aproximarse sensiblemente a ella. Ante la estupefacción de sus cursillistas Franciose Mezieres declaró  que ni el tipo morfológico, aun hereditario, ni las deformaciones adquiridas (a excepción de las fracturas y mutilaciones) son irreversibles. Incluso había comprobado que el cuerpo de las personas de edad  es más maleable que el de los jóvenes y que podía obtener de ellas resultados asombrosos.

La descripción que Françoise Mezieres hace del cuerpo normal coincide con la escultura griega del periodo clásico. ¿Y por que no con la de los hindúes o del arte gótico francés? Podría preguntarse. ¿Acaso la belleza no es una idea tan arbitraria y tan fugaz como la moda? ¿La perfección de la forma no es una cuestión de gustos? Francoise Mezieres sostiene che la única morfología normal corresponde a la relación que presentan las proporciones de las diversas partes del cuerpo que caracterizan el arte griego del periodo clásico. Esa arte fue el único que representó el cuerpo humano tal como debería ser… es decir cómo podría ser si realizase su verdadero potencial. Así en su plenitud el cuerpo humano se convertiría en digno de un héroe o de una divinidad. El artista griego no trataba de expresar contradicciones psicológicas, místicas o políticas…sino más bien una unidad corporal moral, por respeto a sí mismo. La célebre –serenidad- que se halla  en las obras de la gran época griega es la expresión de esta unidad consumada y de la perfecta salud física del sujeto, ya que para los griego, no existía la belleza sin la salud, y no existía la salud son la belleza de las justa proporciones. De acuerdo con las breves indicaciones que daré a continuación, cada uno podrá comparar su propio cuerpo con esta imagen normal y comenzar a comprender que quizás sus verdaderos defectos no sean los que le preocupaban hasta ahora. De frente, las clavículas, los hombros, los pezones, los espacios entre los brazos y los costados deben ser simétricos y situados al mismo nivel. De espaldas, la nuca debe parecer larga y plana (y no mostrar salientes verticales separando tres canalones). Los omoplatos han de ser simétricos y no presentar ningún releve. Los hombros y las caderas, igualmente simétricos. En posición de flexión del tronco hacia delante, con la cabeza pendiente, los pies juntos la columna se mantendrá en convexidad total y regular y el equilibrio de las rodillas se situara sobre las cabezas de los astrágalos (y no retrocederá hasta detrás de los talones). Las rodillas no deben bizquear.

Tiene que resultar fácil sostenerse de pie, con los pies juntos desde los talones hasta la punta de los dedos gordos. En la posición la parte superior del los muslos, el interior de las rodillas las pantorrillas y los huesos interiores de los tobillos (los maléolos) deben tocarse. El pie se ensanchara desde el talón hasta la punta de los dedos, que divergirán y se extenderán por el suelo. Los bordes laterales del pie hacia dentro que ha de resultar bien visible. Toda desviación de esta descripción indica una deformación corporal. Y toda deformación corporal se origina en un exceso de fuerza de la musculatura posterior. Cuando Francios Mezieres afirma que todos somos bellos y bien formados quiere decir que todos cómos perfectibles…a condición de poder vernos en conjunto y de querer modelarnos sobre esta morfología perfecta que poseemos en potencia. Pero cuanto ese nosotros nos aferramos a un detalles que nos da encanto aunque se trate en realidad de una deformaciones que solo puede agravarse con el trascurso de los años ¿ una manera de andar seductora , que no es más que el efecto de una elevación de la cadera; unos omoplatos enternecedores porque recuerdan las alas de un ángel; una mirada interesante gracias a que la cabeza se halla mal centrada; unas nalgas airosas que son el efecto de una región lumbar peligrosamente incurvada…nuestros pretendidos encantos son en realidad anunciadores de dolores y malestares futuros. Solo la belleza garantiza de manera efectiva la salud. A veces no le concedemos que una parte de nuestro cuerpo es fea, pero no le concedemos importancia si podemos esconderla y no nos causa un dolor persistente. El pie supone un ejemplo perfecto.           Franciose Mezieres habla de esos odiosos martillos pilones que son los pies de los occidentales. Según ella no es posible conservar la morfología perfecta del pie usando un calzado que lo oprime en lugar de limitarse a protegerlo., el calzado debería respectar el contorno del `pie y permitir a los dedos la libertad de todos sus movimientos ( per la estética moderna no lo quiere así y, son embargo, como imaginar una estatua griega con los dedo terminados en punta?) por r el contrario, dado que el arco del pie constituye un resorte, el interior de la suela debería ser absolutamente alcano, porque es el pie el que se adapta al suelo por el borde pastero-inferior del talón, con la pierna completamente extendida, no se justifica el añadido de tacón por bajo que sea. Ahora bien no existe ningún modelo de calzado que responda a esta exigencia…-

No obstante con suma frecuencia, cuando somos conscientes de ciertas fealdades de nuestro cuerpo, nos encarnizamos contra la  parte que nos molesta. Y quedamos frustrados en nuestras tentativas por corregirlas. Por ejemplo, una gran proporción de mujeres se quejan durante toda su vida por la forma de sus piernas. Tienen ancas de caballo celulitis en la parte superior de los muslos o un hueco en la horcajadura. Ningún ejercicio o tratamiento local resulta satisfactorio. Pero ellas no saben por qué. De hecho, esos defectos no son más que la consecuencia de la rotación interna de las rodillas que a su vez, procede del envaramiento de toda la musculatura posterior. Dicho envaramiento origina asimismo la rotación interna de los hombros inclinados hacia adelante y hace que en posición de pie, las manos caigan por delante de los muslos. Correctamente el dedo corazón debe quedar en medio de la cara externa del muslo. Del mismo modo que la inclinación hacia delante de los hombros influye sobre los codos y las manos, la rotación interna del fémur influye sobre las rodillas y los pies. De ahí procede el aspecto, según los casos, de las piernas en esquís o en paréntesis y de los pies planos o demasiado arqueados, varus o valgus, y todas las deformaciones de los dedos de los pies. Para corregir los defectos, hay que empezar primero por corregir las rigideces.

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