El Yoga no es una práctica compensatoria.

El Yoga no es una práctica compensatoria.

Nuestro sentido más desarrollado suele ser la vista, y poco nos paramos a explorar las otras sensaciones que vienen de la piel, del olfato, del estómago… Solemos darnos cuenta de que tenemos una espalda porque nos duele, o de un vientre cuando éste falla.
He podido constatar en los años de enseñanza, que la gente muy mental también aborda las posturas desde un punto de comienzo craneal. Un típico ejemplo: cuando se proponen círculos de caderas, muchos giran la cabeza sin darse cuenta que no mueven la cintura.
Si todo viene procesado y decidido sobre los estímulos mentales, siempre seremos prisioneros de nuestros esquemas educativos y de pensamiento, sin poder investigar claramente lo que el cuerpo en cada momento siente.
En las clases de yoga invitamos a no imponer nada al cuerpo, dejándolo libre de toda pretensión conceptual y de todo juicio sobre su hacer. En esta disponibilidad podremos realmente escuchar en cada momento el latido de los pies, el calor de la piel, el entrar y salir del aire. Este despertar sensorial nos enseñará poco a poco a vivir en la realidad de lo que es, sin decorar constantemente los días con nuestra película mental.
Como occidentales sumergidos en una sociedad decadente ponemos mucha importancia sobe los efectos relajantes del yoga. Pero quisiera invitar a no limitarse a una práctica compensatoria de la vida cotidiana, demasiado estresante o demasiado monótona. El yoga te invita a explorar espacios más allá de tu día día, mas allá de lo que quisieras obtener de tu cuerpo, de tu vida. Es un mundo de sentidos, donde la mente se aquieta para dejar espacio a los latidos, a los respiros.

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