SEMINARIO YOGA KASHMIRO

SEMINARIO YOGA KASHMIRO

El yoga del Kashmir, así como trasmitido por el maestro Eric Baret, lejos de las modas de postureo modernas es una manera dulce de acercarse al trabajo corporal. Las clases son un momento de profundo descanso de esta imparable dinámica de competición a la que estamos sometidos día a día. En estas clases nos disponemos a desprendernos de toda exigencia, aquí se viene a observar cuanto constantemente estamos pensando nuestra vida. Cuanto los condicionamientos sociales, culturales, familiares nos obligan mas y mas a entrar en lógicas de conflicto con nuestro cuerpo, imponiendo unos esquemas ideales que crean bloqueos y tensiones que nos oprimen y nos enferman.

En estas clases intentaremos acércanos humildemente a todo lo que nos bloquea, que nos cierra, a todos los “No” que constantemente decimos a la vida por miedo. El objetivo aquí no es trabajar otra vez la fuerza, la competición. Todo lo contrario queremos abrirnos a este espacio de fragilidad donde cada ser humano, al fin y al cabo, se pregunta que sentido tiene su existencia sabiendo que esta pregunta no va a tener respuesta en el dominio del intelecto, a no ser que queramos entrar en una lógica religiosa y dogmática.

La comprensión profunda de la imposibilidad de alcanzar seguridad alguna puede convertirse en el gran motor que nos hace sentir cuanto la vida sea frágil y preciosa. Instalados en esta claridad ya no podemos pasar el tiempo en pensar y proyectar nuestra vida, en este silencio la vida es un regalo precioso de instante en instante.

El Yoga en sentido tradicional abre el espacio a la escucha de las dinámicas reactivas del cuerpo. Nuestra estructura psico-corporal es la suma de nuestras reacciones a los hechos de la vida cotidiana. En las clases nos damos a la disponibilidad que esas reacciones se hagan manifiestas y gracias a esa profunda escucha dejamos que la vibración fundamental, Spanda, se revele.

Podríamos hablar de los innumerables beneficios que proporciona la práctica constante del yoga, pero la misma práctica nos vacía la necesidad de emprender este arte por beneficio alguno. La disponibilidad al ritual abre la puerta a la escucha del cuerpo, de sus necesidades, de sus sanaciones.

No hay límite alguno ni ningún objetivo. No hay una manera correcta o incorrecta de experimentar la escucha, en las clases no hay nada que perder, nada que ganar.

Con la palabra de Eric Baret: “Sin algún dinamismo, los movimientos sentidos se refieren de inmediato a la vibración, a la tranquilidad. La sesión de yoga termina allí. Si el tiempo y las circunstancias se presentan, se puede hacer algo más, para la alegría de hacerlo, pero lo esencial ya esta cumplido cuando se siente este cuerpo vibrante, como una capa de silencio que se insinúa en todas las estratificaciones del cuerpo, el espacio hecho silencio, el cuerpo sentido en todas sus direcciones….Yoga no es nada más. En esa dilatación, está la claridad.”   (Eric Baret, El único deseo, Nella nuditá dei tantra, Ed. Parola, 2010)