Las representaciones de lo trascendente, Dioses y Mitos de la India, Alain Danielou, Ed. Atlanta

Las representaciones de lo trascendente, Dioses y Mitos de la India, Alain Danielou, Ed. Atlanta

Todas las religiones y sus filosofías constituyen un esfuerzo por descubrir la naturaleza del mundo perceptible (y de nosotros mismos, que lo percibimos), el proceso de la manifestación y el propósito de la vida y la muerte y, de este modo, encontrar los medios de cumplir con nuestro destino. Todas las mitologías son maneras de concebir los estados superiores y trascendentes del ser, representados como dioses y recibidos mediante símbolos.

Los ancianos sabios de la India descubrieron que a través de la diversidad de nuestras facultades y sentidos, y según los postulados y métodos que estemos dispuestos a aceptar, podemos adoptar diversos caminos para explorar el mundo suprasensible; cada uno de estos caminos que nos conducen a esferas lejanas presentan estrechos límites, sus propias características y métodos, y nos llevan a conclusiones aparentemente diferentes.

La realidad trascendente se encuentra mas allá de la condiciones que limitan nuestros medios de conocimiento y, sin embargo, aún siendo incapaces de comprender su naturaleza, podemos concluir indirectamente que deben existir formas de ser más allá de la esfera de nuestras percepciones, cada vez que el hombre lleva hasta el límite una determinada forma de experiencia, advierte un mas allá incognoscible, al que llama divinidad, esta divinidad no puede ser aprendida ni comprendida, porque empieza allí donde no llegan nuestras facultades, y, sin embargo, nos podemos aproximar a ella por diversas vías. Nuestros esfuerzos más eficaces por comprender lo divino no son más que una aproximación, un Upanisads. No obstante, su conjunto y su coherencia nos permiten deducir la inevitabilidad de un sustrato que ni podemos percibir directamente a pesar de encontrarse siempre cerca, siempre presente, pero del que advertimos algunos aspectos en el límite de cada forma de experiencia; cuanto más percibamos estas aproximaciones, las cuales nos ofrecen ideas contradictorias acerca de los orígenes del mundo sensible, más posibilidades tendremos de llegar a construir en negativo una imagen general de la misteriosa realidad a la que llamamos Dios.

Podemos contemplar una escultura desde diferentes ángulos, solo captamos su forma después de haberla visto de frente, por detrás, de perfil. Cada una de estas visiones es diferente de las otras, y algunos elementos de su descripción podrían parecer incompatibles, sin embargo, esas percepciones contradictorias de nuestros ojos no ayudan a formarnos una idea general del conjunto, que difícilmente podríamos pergeñar partiendo de un único punto de vista. La contradicción aparente entre los aspectos de lo trascendente que percibimos a través de la diferentes aproximaciones expresa el más profundo conocimiento que podemos tener de esa realidad inmensa imposible de captarse en su conjunto, de ahí que lo divino se haya definido como aquello en que los contrarios coexisten.  Cuantas más percepciones de lo divino, obtenidas a través de caminos diversos tengamos a nuestra disposición, más aspectos diferentes presentiremos, más predispuestos estaremos a ver los dioses más allá de la formas aparentes del universo, más elementos contradictorios podremos unir para elaborar concepciones del origen de las cosas, de la evolución del propósito de la existencia, y más probabilidades tendremos de empezar a formarnos una idea de lo que puede y no puede ser lo divino.

Existen curvas cuya ecuación no puede formularse, en tales casos, el matemático busca ejemplos particulares en los que la formula se simplifique. Con ayuda de los datos así obtenidos, marca diversos puntos y puede trazar un contorno aproximado de la curva. Esto habría sido imposible si hubiera empleado una única aproximación, un único punto de vista. La teoría del politeísmo se basa en una concepción parecida. Solo mediante la multiplicidad de aproximaciones podemos formarnos una idea de ese incognoscible que es la realidad-trascendente, solo las múltiples entidades manifiestas que se encuentran en la base de las formas existentes están al alcance de nuestra comprensión. Toda concepción que podamos forjarnos de algo más allá será una proyección mental de nosotros mismos, un vínculo imaginario establecido entre diversos datos aparentes.

Ciertos filósofos hindúes consideran que el misterio del universo puede abordarse desde tres puntos de vista principales: 1) el punto de vista experimental (VAISESIKA)  y su método -la lógica (NYAYA)-, que estudia el “Ser Impermanente”, el aspecto perceptible y destructible de lo creado; 2) el punto de vista cosmológico (SANKHYA) y su método, la percepción experimental directa (YOGA), que estudia el “ Ser Permanente”, es decir las leyes constantes que rigen lo creado, y por lo tanto, preceden la creación; 3) el punto de vista metafísico (VEDANTA) y su método, el estudio del lenguaje (MIMANSA), que trata de aprender la naturaleza del “Ser Inmutable”, del sustrato inmóvil que debe existir mas allá de todas formas del Ser cósmico, veremos cómo estos tres enfoques corresponden a los tres grados de manifestaciones: la Persona destructible(ksara-purusa) o Universo perceptible; la Persona-indestructible (aksara-purusa) o cuerpo de las leyes universales que presiden la manifestación; la Persona inmutable(avyaya-purusa) el sustrato no-manifiesto de las cosas, que esta mas allá de las relaciones de causa y efecto. Estos tres aspectos constituyen el cuerpo físico, el cuerpo sutil y el alma del Ser cósmico.

Empezaremos a reflexionar sobre la naturaleza de la realidad trascendente cuando advirtamos que, según su propia lógica y sus métodos de prueba, ciertos puntos de vista (DARSANA) son obligatoriamente ateos, otros ateístas, otros teístas místicos o morales sin embargo, nos equivocaríamos si concluyésemos que en ello residen las teorías divergentes de las diferentes filosofías. En realidad, no son más que las conclusiones inevitables para cada enfoque, cada punto de vista el único válido en un campo particular de la experiencia, que permite conducir en una dirección concreta hasta sus últimos límites, nuestra facultad de conocer. Los creadores de puntos de vista no son considerados pensadores o profetas, sino visionarios SRI.

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